Opinión La influencia de Darwin en la antropología social

La influencia de Darwin en la antropología social

Felipe Montoya Greenheck

Preámbulo

Al celebrar los 200 años del nacimiento de Charles Darwin, en la Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica nos preguntamos cuál había sido la influencia de este gran pensador en nuestro campo.  Para la Antropología Social la historia de esta influencia ha sido algo tortuosa.  Para entender el por qué, debemos remontarnos al contexto ideológico que vio nacer tanto a Darwin, como a la misma antropología.

Contexto ideológico de donde sale Darwin

En el Siglo de las Luces la efervescencia intelectual no tenía su asidero particularmente en las ciencias naturales.  Las tumultuosas transformaciones sociales de la época encendieron un diálogo burbujeante, más bien, con las ciencias sociales.  La Revolución Industrial propició el surgimiento del pensamiento liberal capitalista de Adam Smith con su obra "La Riqueza de las Naciones" en 1776 donde vio la competencia como el motor del progreso.  La magnitud de las transformaciones sociales de la época fortaleció el Racionalismo que vio en el ser humano el arquitecto de la historia sin tener que recurrir a explicaciones Deístas.  La Revolución Francesa estableció la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad como los principios del implacable progreso humano.  El incipiente Capitalismo presentaba una metáfora elocuente de la inevitabilidad del progreso mediante la competencia y la supervivencia del más fuerte, narrativa que pronto trascendió lo meramente económico para abarcar el fenómeno humano en su totalidad.
En el ámbito de las ciencias naturales, el concepto del progreso y de la evolución tardaría un poco más en llegar.  El padre de la taxonomía, Carl von Linneo en su "Sistema Naturae" de 1735 había desarrollado un sistema clasificatorio estático de la diversidad biológica, incluyendo la clasificación humana en razas.  En el trasfondo de esta clasificación estaba la creación de Dios, la cual Linneo simplemente nombró y organizó al estilo de un "segundo Adán," como solía autodenominarse.  En las ciencias naturales, el concepto del progreso o de la evolución estaba aún por asentarse.  Las grandes exploraciones de la época, como la de Alexander von Humboldt entre 1799 y 1804 alimentaban con sus exploraciones en tierras lejanas esta visión de mundo de diversidad estática.  Y entre lo que más asombraba dentro de estas pesquisas era la diversidad humana que se encontraba a lo largo y ancho de la Tierra.  La preocupación por el progreso humano, imbricado con la expansión imperialista europea de la época, y una concepción racista de la diversidad humana, provocó la investigación "científica" de las diferencias entre grupos humanos dentro de un marco conceptual evolucionista.  Para estas fechas, por ejemplo, la Societé des Observateurs de l'Homme tenía entre sus objetivos principales realizar una antropología comparativa de las costumbres de la gente, usando al europeo como el estándar contra el cual se medía las demás "razas" (Stocking 1968).
Con la llegada de la obra "Philosophie Zoologique" de Lamarck en 1809, el concepto de la evolución se estableció también en las ciencias naturales, convirtiéndose en una preocupación teórica para todas las ciencias de la época.  El "evolucionismo" era el marco conceptual que abarcaba no solo las ciencias, si no la economía, y la política y hasta la misma religión.  Durante la primera parte del Siglo XIX un debate sobre la diversidad humana se libraba entre Monogenistas y Poligenistas.  La visión conservadora que tomaba la Biblia como referente textual de la realidad aceptaba la descendencia monogenética de la humanidad a partir de Adán y Eva, mientras que los más heterodoxos poligenistas explicaban la diversidad humana a partir de múltiples creaciones que Dios hiciera de los humanos, ya que según ellos, el tiempo Bíblico no daba espacio para que se diera la diversificación humana.  Irónicamente, eran los ortodoxos conservadores más apegados a los textos de la Biblia los que desarrollaron una visión evolutiva para explicar la diversidad humana.  En el campo de la economía política, por otro lado, Karl Marx y Friedrich Engels, en su "Manifiesto Comunista" de 1848, desarrollaron una perspectiva evolucionista de la sociedad y de la historia humana a partir de la lucha de clases.  No obstante, era la visión lamarquiana de la evolución mediante la herencia de características adquiridas la que predominaba tanto en las ciencias sociales, como en las naturales.
Para 1859, fecha en que se publica el "Origen de las Especies" de Darwin, el "problema" de las razas humanas y del progreso humano eran las preocupaciones centrales de la Antropología.  Si bien para estas fechas la posibilidad de que todos los humanos pudieran descender de un ancestro común era vista como una visión anticuada y poco científica de los Monogenistas, el debate entre esta visión y la Poligenista desapareció con la propuesta darwiniana de la evolución por medio de la selección natural.  No obstante, continuaba en las ciencias sociales el debate entre Progresivistas y Degeneracionistas que discutían si la civilización se había desarrollado gradualmente de forma natural, o si los "salvajes" eran el resultado de una degeneración de un estado originalmente más elevado.
Confusión evolucionista en el pensamiento sociológico después de Darwin
Sin lugar a dudas la aparición del "Origen de las Especies" marcó una revolución contundente en las ciencias naturales, empero los vasos comunicantes entre la nueva biología y la antropología fueron dominados no por Darwin o darwinistas, sino por otra figura eminente de la época, el filósofo inglés Herbert Spencer, quien en su obra "Principios de Biología" de 1864, y tras haber leído "El Origen de las Especies", aparentemente sin haberlo realmente comprendido, extendió el evolucionismo a los ámbitos de la ética y de la sociología.  Es más, fue Spencer quien acuñó la célebre frase de "la supervivencia del más apto" que posteriormente el mismo Darwin adoptaría en la sexta edición de su obra célebre, como sinónimo del concepto de la selección natural, contribuyendo de esta manera a confundir más la verdadera influencia de Darwin o del darwinismo en la antropología social, ya que el evolucionismo que Spencer siempre promulgó fue la variante de Lamarck enfocado en la herencia por medio del uso o el desuso como la fuerza evolutiva.
Es importante anotar, no obstante, que la evolución por medio de la herencia de características adquiridas o aprendidas y mantenidas y fortalecidas por el uso o perdidas por el desuso, como propuso Lamarck y luego desarrolló Spencer para ámbitos más allá de la biología, era fácilmente aplicable a lo que se percibía como la evolución social y cultural, en cambio, la selección natural como modelo claramente explicativo de la evolución biológica, no tuvo eco en los procesos de transformación sociocultural.  Es así cómo Edward Tylor en su obra "Cultura Primitiva" en 1871 intenta establecer los estadios del progreso humano desde el salvajismo, a la barbarie, hasta la civilización mediante los mecanismos de la invención independiente, la herencia y la transmisión, sin hacer mención de Darwin, pues afirmaba que en su obra "Cultura Primitiva" seguía líneas propias de pensamiento.  No ofreció un mecanismo evolutivo, pero sí habló de la supervivencia del culturalmente más apto.  Pocos años después Henry H. Morgan, en su obra "Sociedad Antigua" de 1877 discursó sobre la evolución humana en sus estadios desde el salvajismo, al barbarismo, hasta la civilización mediante procesos que seguían siendo lamarckianos.
Es significativo que para el mismo año de la publicación de "Cultura Primitiva" de Tylor, el propio Charles Darwin publicó "El Descenso del Hombre" donde también hizo uso del pensamiento antropológico del momento.  En esta obra Darwin hace referencia a la jerarquía de razas humanas ubicadas en las categorías del salvajismo, barbarie y civilización, con Australianos y Africanos en los rangos inferiores y Caucásicos en el rango de civilizados.  Recordando en esta obra sus viajes en el HMS Beagle, Darwin interpretó sus encuentros con "salvajes" dentro del paradigma preponderante del evolucionismo social.  "Tales fueron nuestros ancestros" dice Darwin de estos "salvajes".  Por lo tanto, concluye Darwin, no debería asustarnos extender nuestra ancestría a los babuinos que, además eran tipos más íntegros y sanos.
A finales del siglo XIX, la idea racista de que la civilización europea era la culminación de la evolución humana, y que la historia de este progreso podía determinarse mediante el estudio comparado de sociedades coexistentes en el presente pero en estados diferentes evolutivos, era un pilar del pensamiento social europeo de esta época, y se utilizaba la jerga darwiniana -aunque siempre utilizando conceptos lamarckianos- para naturalizar procesos culturales, confundiendo la herencia social con los mecanismos de la herencia biológica.
Al iniciar el siglo XX, el Evolucionismo era el paradigma dominante en la antropología.  Era el marco teórico que informaba los estudios comparados de los diversos pueblos humanos, y que alimentaba las ideologías racistas detrás de los procesos imperialistas y colonialistas de Europa y Norte América, naturalizando, e inclusive a veces proponiendo la extinción de pueblos "salvajes" y "bárbaros" ante el avance inevitable de la "civilización" en manos del hombre blanco.
La estrecha vinculación del Evolucionismo como marco teórico de la Antropología Social y el racismo como ideología política, fue lo que motivó a Franz Boas a liderar una batalla que marcaría un cambio radical en el pensamiento antropológico.  En 1911 publica "La Mente del Hombre Primitivo" donde su meta fue rebatir las suposiciones del evolucionismo social enmarcado en una ideología racista.  Si bien, Boas fue capaz de demostrar inclusive que el concepto de "raza" era cuestionable, por la asociación del racismo al paradigma del evolucionismo social, Boas también fue responsable de provocar un movimiento anti-evolucionista durante los siguientes 50 años en la antropología de los EE.UU.  No obstante, hay que enfatizar que este movimiento no era de ninguna manera un impulso anti darwinista ni contra los preceptos de la evolución orgánica por medio de la selección natural, pues estos preceptos realmente no formaban parte del evolucionismo en la antropología a finales del siglo XIX.  El Particularismo Histórico de Boas despedazó el esquema simplista de la evolución cultural unilineal.  El concepto de "Cultura" de los evolucionistas se transformó en el concepto de "culturas" en plural de la antropología moderna.
Renacimiento evolucionista en la antropología social
Mientras que las ciencias biológicas avanzaron galopantemente a partir del redescubrimiento de las leyes de Mendel en 1900, que complementaron y completaron los preceptos darwinianos de la evolución orgánica por la selección natural, la antropología social, en cambio, continuaba explorando diversos caminos descriptivos, propositivos y explicativos de la condición humana y sus múltiples manifestaciones.  Entre estas exploraciones no dejaba de estar presente la búsqueda de leyes generales que permitieran a la antropología recobrar su estatus como ciencia.  
El anti Evolucionismo de las corrientes del Particularismo Histórico y sus permutaciones tuvo su reacción en Leslie White con su obra "La evolución de la Cultura" en 1959 con un retorno a una concepción singular de la cultura y la explicación de su evolución a partir de los sistemas tecnológicos y las capacidades de captación de energía.  Aunque White retoma el evolucionismo, su referente no es Darwin, sino Morgan y Marx.  Entre sus discípulos estuvo Eric Wolf, quien contribuyó al avance de una antropología marxista.
Otro crítico del Particularismo Histórico de la escuela de Boas fue Julian Steward quien en 1955 publica "Teoría del Cambio Cultural: La metodología de la evolución multilineal" donde busca ir más allá de la simple descripción de las diversas culturas y plantea leyes generales que explican cómo cambian las culturas mediante su adaptación al ambiente, con la tecnología y la economía como factores centrales.  Como padre de la corriente de la Ecología Cultural, Steward marcó el retorno de la antropología a un evolucionismo ya librado de sus tonalidades racistas del siglo XIX y nutrido por las ciencias biológicas.
El antropólogo social Napoleón Chagnon quien en su estudio "Yanomamö: La gente fiera" en 1968, analiza los patrones de parentesco, de casamientos, la cooperación y distribución habitacional, así como las prácticas de guerra, entre los Yanomamö de la Amazonía, no solo empleó el marco teórico de la Ecología Cultural, si no que también contribuyó a la teoría de la evolución biológica desde las ciencias sociales, siendo así un precursor de las corrientes de la Sociobiología y de la Ecología de Comportamiento Humano que nacen en los años 1970s.
En 1975 el biólogo E.O. Wilson acuñó el término "sociobiología" en su obra "Sociobiología: La nueva Síntesis", donde defendió la tesis de que el comportamiento humano podía ser explicado, por lo menos parcialmente, por la teoría de Darwin de la evolución por la selección natural.  La sociobiología adquiere adeptos tanto de la biología, como de antropología.  Estudian estrategias reproductivas, estrategias de recolección y cacería, inversiones parentales, inversiones en historias de vida, el nepotismo, e inclusive el problemático tema -para la teoría de la evolución- del altruismo como comportamiento social, bajo el lente de la teoría de la evolución darwiniana.
A partir de los 1980s se expanden los estudios del comportamiento social humano fundamentados en la teoría de la evolución de Darwin.  Este nuevo y creciente campo ubicado entre la antropología y la biología aparece con varios nombres: Ecología de Comportamiento Humano (Winterhalder y Smith 2000); Ecología de la Evolución Humana (Mace 2000), Antropología Darwiniana, Antropología Evolucionaria (Kaplan et al 2000); Antropología Biológica, Bioantropología, Etología Humana, Sociobiología, Socioecología, y Ciencias Biosociales o Bioculturales.
Es notable, sin embargo, que a pesar de la consolidación de estos abordajes y el espacio que han ganado dentro de la profesión en cuanto a publicaciones, revistas, profesorados, y especializaciones, la antropología biológica con la teoría de la evolución por selección natural como eje central, y la antropología social con su propia plétora de abordajes, siguen ocupando espacios distintos tanto en la profesión, como en las mismas escuelas y departamentos de antropología, no por una intransigencia de la antropología social ni por un aislamiento de la antropología biológica, si no por el hecho de que el complejo fenómeno antropológico continua dando espacio para múltiples abordajes.
A los 200 años del nacimiento de Charles Darwin y a los 150 años de la publicación de su obra "Origen de las Especies" encontramos que su teoría finalmente ha logrado compenetrarse con las ciencias sociales, sustrayéndose de la maraña que confundía la evolución por la selección natural propia de Darwin, con la evolución mediante la herencia de características adquiridas propuesta por Lamarck y extendida a la ciencias sociales por Spencer, y librándose de los ropajes racistas adventicios, así como de epítetos confusos y mal dirigidos como el "Darwinismo Social".  La mayor contribución del pensamiento de Charles Darwin a la antropología social ha sido abrirse espacio en este amplio y generoso campo con el establecimiento de una antropología biológica armada de poderosas herramientas para explorar, estudiar y analizar aspectos importantes que forman parte de la vasta gama del fenómeno humano.



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Comentarios  

 
#1 22-04-2013 22:20
excelente !me encantaría recibir un libro suyo
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